A BOMBO Y PLATILLO

Quiero aprender a tocar la batería”. Recuerdo haber dicho esa frase cientos de veces desde que era pequeña, siempre pensándolo como algo para hacer en el futuro, cuando tuviera una vida asentada, un trabajo fijo, una economía saneada para comprar la batería y mucho tiempo libre. Nada más.

A estas alturas ya me he dado cuenta de que todo eso es difícil de conseguir; sobre todo, la vida asentada y el tiempo libre.

Hace unos días, una amiga me contó que se había comprado un piano y había encontrado un profesor para refrescar la memoria. Cuando me contaba lo que disfruta tocando, después de 15 años sin acercarse a un teclado, me volví a acordar de mi pasión contenida por la percusión y decidí que no quiero dejar pasar más tiempo, porque a este paso cuando me ponga a ello la artosis y el dolor de espalda me lo impedirán.

¿Por qué la batería? No lo sé, en general me gustaría aprender a crear melodías, tocar algún instrumento con cierta habilidad, por el placer de producir sonidos musicales. Pero, aparte de que la ausencia de oído musical sería un handicap importante, siempre que escucho música siento el impulso inconsciente de seguir el ritmo con los pies, aunque intente quedarme quieta; y  realmente me atrae mucho la percusión y la batería, la capacidad de producir ritmos con varios sonidos a la vez, usando los brazos y piernas… madre mía, con mi grado de coordinación ¡será todo un espectáculo!

 

Para ponerlo en marcha…

Lo ideal sería tener una casa grande, con una habitación insonorizada y espaciosa, con mi propia batería. Hay academias en las que puedes aprender con las que tienen ahí, pero lo que me gustaría es tenerla en casa para tocar siempre que me apetezca (o necesite desahogarme).

Por lo que he estado mirando, las baterías no son tan caras como pensaba (una normal, nada del otro mundo), pero el principal problema no es el precio… ¡sino el ruido! Porque hacen mucho ruido, por lo que he leído, mucho más que cualquier otro instrumento, y los apaños caseros y las sordinas no sirven para amortiguarlo apenas.

La única opción es la compra de una batería electrónica, con paneles que recogen el golpe de la baqueta y lo reproducen mediante un ordenador, permitiendo regular el volumen e incluso el uso de auriculares. Pero, claro, las baterías electrónicas no tienen la misma riqueza de sonidos que las acústicas (sobre todo si no quiero una que cueste más que mi nómina) y no pueden captar tantos matices. Además de que con ellas perdería la parte “física” de aporrear los platillos…

Es decir, que cuando me ponga con esto (espero que pronto -¡para eso lo estoy escribiendo aquí!-), tendré que plantearme qué instrumento quiero, y me temo que no va a ser una decisión nada fácil.

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