CAMBIO DE RUMBO

Hace seis meses cambió mi vida. Hace seis meses tuiteé: “Cuando luchas mucho por algo, corres el riesgo de conseguirlo. Y entonces llega el vértigo”. Hace seis meses sentía vértigo. Mucho vértigo. Y miedo, nervios, emoción e ilusión. Todo a la vez, entremezclado en un caos de sensaciones que no era capaz de expresar.

En estos seis meses he reído. Mucho. Y he llorado. Me he enfadado. He gritado y he tenido muchos momentos de frustración. He estado perdida. Pero también he sonreído, muchísimo, y he disfrutado trabajando como nunca antes. Y, sobre todo, he crecido y he aprendido más que en toda mi vida.

Hace seis meses no sabía que un diente de leche podía estar días y días moviéndose y sin caerse, sujeto sólo por un hilito. Hasta que su dueña se cansa y se lo arranca.
Hace seis meses no sabía que un niño puede vomitar cinco veces en 8 horas. Tampoco sabía que yo podía limpiar vómitos ajenos sin sentir nada más que cariño hacia el pequeño enfermo.
Hace seis meses ignoraba la fuerza y confianza que pueden dar las palabras apropiadas. No sabía qué dolor de cabeza pueden producir un montón de niños gritando sin querer trabajar. Y tampoco sabía qué se siente cuando veinte niños te rodean en un “abrazo mortal”. Ni cuando escuchan embobados una historia que les estás contando, protestando intrigados si te paras a la mitad.
Hace seis meses podía hablar y decir tonterías sin que nadie recordara y analizara cada una de mis palabras. Entonces pasaba desapercibida por el mundo, y no tenía la suerte de oír “qué guapa estás” casi cada día.
Hace seis meses no conocía a un montón de niños a los que ahora quiero, defiendo, protejo y trato de educar como si me fuera la vida en ello.
maestra

Hace seis meses me aterrorizaba ponerme sola al frente de una clase.
Hace seis meses menos un día, tuve claro que quería hacer eso el resto de mi vida.

UN BARCO DE RECUERDOS

Uno de los aspectos que menos me gustan del paso del tiempo es ir olvidando los buenos recuerdos. Entre mis recuerdos, uno de los que guardo con mayor claridad, y confío en conservar toda la vida, es el del mayor y mejor regalo que he recibido nunca.

No es el más caro, ni desde luego el más rebuscado, pero al recibirlo me hizo sentir la persona más afortunada del mundo.

Tenía ocho años. Se acercaba la fecha de mi Primera Comunión. Y una tarde, al llegar a casa, me encontré en mi habitación (entonces aún compartida con mi hermano) una enorme caja de cartón, tan pesada que no podía moverla. Mi madre me dijo que era un regalo por mi comunión de parte de sus amigos Rita y Ángel e, intrigada, me puse a abrirla.

No sé si grité, pero sí que salté, reí y solté varias exclamaciones de alegría, emoción y agradecimiento eterno al ver que lo que había dentro de la caja eran libros. ¡Libros! ¡Libros y más libros! ¡Libros del Barco de Vapor! Libros de la serie naranja y alguno de la roja (¡para mayores!). Libros que desconocía y que no podía evitar hojear conforme los iba sacando de la caja. ¡Estaba deseando empezar a leerlos! ¡Y vaya si los leí! Durante mucho tiempo disfruté sabiendo que aún tenía un montón de libros esperándome, nuevas historias que seguro que me atraparían.

cazadora

Hace unos meses volví a meterlos en una caja. Y me di cuenta de que en realidad no eran ni 40, aunque siempre me parecieron muchísimos. Ahora están en una asociación para jóvenes en riesgo de exclusión, esperando a ser escogidos para llenarles la cabeza y el corazón de historias, de fuerza y de grandes momentos que recordar siempre.

logo

BRIT FOLK

Si hay una banda, y una canción, que me recuerdan mucho a Downton Abbey, es esta de Mumford & Sons.

Cada vez que la escucho, no puedo evitar pensar en Tom Branson, Lady Sybil y el resto de la familia. Sin duda, una de mis cosas por hacer sería asistir a un concierto de este grupo para recargar las pilas y llenarme de energía.

Hasta entonces, me conformaré con ver los vídeos.

LA CITTÀ ETERNA

Roma es una de esas ciudades que puedes estar recorriendo estar días y días sin dejar de descubrir nuevos tesoros. Nada como un poco de organización para poder visitar todo lo que quiero la próxima vez:

ARA PACIS

arapacis

GALLERIA BORGHESE

SANTA MARIA LA MAGGIORE

maggiore

SAN GIOVANNI LATERANO

giovanni

DOMUS AUREA

PIAZZA DEL POPOLO

Obelisco Flaminio, Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesano

Obelisco Flaminio, Santa Maria dei Miracoli y Santa Maria in Montesano

A presto!

REBELDES

“Ser rebelde no son unos pantalones rotos ni llevar piercings.”

La verdadera rebeldía está en enfrentarse a las circunstancias y demostrar que puedes hacer mucho más que lo “esperado” con las cartas que te han tocado.

Los protagonistas de este vídeo hacen que tenga que callarme cuando tengo estoy a punto de decir “no puedo hacerlo”.

Querer es poder.

¿EVOLUCIÓN O COMODIDAD?

“¿Esto es como el IKEA? ¿Tienes que hacer todo el recorrido y no puedes atajar?” Esta frase la escuché ayer, visitando una exposición de pintura. Y me habría hecho mucha más gracia si el que la pronunció no fuera mi pareja, acompañándome a regañadientes y haciendo comentarios sobre “cuántos culturetas” había.

Una de las obras que admiran los culturetas

Una de las obras que admiran los culturetas

Cuando nos conocimos, y hasta los primeros años saliendo juntos, me acompañaba de buena gana a muchas exposiciones y museos, incluso mostrando interés por alguna obra y comentando lo que le parecían. Pero conforme aumentaban los años juntos y la confianza, el interés fue desapareciendo y desde hace años intento ir sola a las exposiciones, sabiendo que para él no es nada apetecible.

Hace tiempo le planteé precisamente eso: su cambio de actitud y cómo me había “engañado” al principio, cuando aún tenía que ganar puntos para conquistarme; y su respuesta me dejó sin argumentos: “No te engañaba, no me importa visitar un museo o dos, pero es que en estos años contigo he visto más museos y exposiciones que una persona normal en toda su vida, y ya estoy saturado”.

Puede que tuviera razón. A veces se nos olvida que algo que nos apasiona y nos parece la mar de interesante, a otra persona puede resultarle un tostón. En cualquier caso, me alegro de que mi chico, en vez de quejarse y protestar, opte por tomárselo con humor y utilizar su ingenio. Eso sí, antes de buscar la salida y decirme que me espera fuera.